Leer la maqueta antes de tocar la madera
La maqueta es el primer documento técnico de un decorado, aunque llegue al taller con aspecto de objeto frágil hecho de cartón pluma y cola. Antes de cortar nada conviene medirla con calma: comprobar la escala real en la que está construida, normalmente 1:25 o 1:20, y verificar si las piezas móviles se han maquetado a escala o simplemente insinuado. Una puerta de tres milímetros de grosor en la maqueta puede esconder un bastidor de ocho centímetros en el escenario.
De la maqueta se extraen tres tipos de información. La primera es dimensional: alturas de muro, anchos de apertura, profundidad de los practicables, líneas de embocadura. La segunda es de montaje: qué piezas se separan, por dónde se pliegan, cómo se relacionan con las varas y con los laterales. La tercera es visual: qué textura y qué color se han buscado, qué zonas quedarán en penumbra y cuáles recibirán luz frontal, porque eso condiciona el nivel de acabado que realmente hace falta.
Lo que conviene aclarar con la dirección escénica
Muchos conflictos de taller se evitan con tres o cuatro preguntas hechas a tiempo. Si un muro va a recibir peso, hay que saberlo antes de decidir el forro. Si un panel se tiene que abrir en escena a oscuras, la apertura condiciona el herraje. Si el decorado va a girar por varias salas, la altura libre de la más baja fija la altura máxima de todo el conjunto.
- Escala exacta de la maqueta y medidas de la caja escénica real.
- Puntos donde actuará o se apoyará alguien, con peso estimado.
- Piezas que se mueven durante la función y quién las mueve.
- Distancia mínima del público a cada superficie pintada.
- Altura libre de varas, peines o estructuras de colgado disponibles.
- Espacio de laterales y de foso para almacenar lo que sale de escena.